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martes, 26 de marzo de 2013

RECOLECCIÓN DE PRINCIPIOS: “Los tiradores, ¿transformados por una nueva era de deshumanización virtual?”, por Michael Meurer



El 14 de diciembre de 2012 veinte niños y seis maestros de Escuela Primaria de Sandy Hook en Newtown, Connecticut, Estados Unidos, fueron asesinados por un joven de 20 años. Michael Meurer(1) intenta explicar las causas por las cuales una potencia como Estados Unidos sufre más de tres masacres por año desde 2003 hasta llegar a tener seis casos con ciento cuarenta víctimas solamente durante el 2012.
¿Estamos frente a tendencias deshumanizantes del capitalismo avanzado? ¿Vivimos en un mundo reglado por relaciones mercantiles impersonales? ¿Qué le pasa a una sociedad en la que las vidas humanas son habitualmente reducidas a "paquetes de información"? Estos son algunos de los interrogantes de esta interesante reflexión:


ENGLISH VERSION: TRUTHOUT

(Traducción: Carina Kosel)


Después de la masacre de veinte niños y seis maestros de la Escuela Primaria de Sandy Hook en Newtown, Connecticut, por un perturbado de 20 años de edad, el 14 de diciembre de 2012, la narrativa dominante de los medios de comunicación se convirtió rápidamente en un debate nacional sobre control de armas. Este debate –en un país con más de 270 millones de armas en manos privadas– es tan necesario e importante como indagar más en las causas profundas. En la avalancha de información que intenta comprender los motivos del asesino de Newtown, se ha prestado poca atención a la idea de que el asesino pueda ser un presagio de los efectos corrosivos de los nuevos cambios subyacentes en la naturaleza humana, y que estos cambios puedan ser moldeados por las tendencias deshumanizantes del capitalismo avanzado en la era de la financiación abstracta y medios de comunicación social.

Hay similitudes entre el joven asesino de Newtown (de 20 años) y sus predecesores

en la masacre del teatro de Aurora (de 24), los asesinatos de Virginia Tech (de 23), los asesinos de Columbine (de 17 y 18), los homicidios en el centro comercial de Gabrielle Giffords (de 22) y al menos una docena más desde 1982. Mientras que la edad promedio de los asesinos de masas en los Estados Unidos en las últimas tres décadas es de 35 años, 10 de los peores asesinatos en masa en la historia de EE.UU. fueron cometidos por hombres blancos menores de 25 años. Estos asesinatos en masa a menudo terminan en el suicidio y suelen llevarse a cabo con una indiferencia calculada que indica una ausencia total no sólo de empatía, sino de las pasiones históricamente asociadas con el asesinato, tales como los celos, la lujuria o la avaricia. Los siete pecados capitales no necesariamente entran en juego.

La naturaleza robótica de nuestros premeditados y a menudo suicidas asesinos de masas en los Estados Unidos está diciéndonos, sin duda, algo importante sobre la sociedad que está produciendo este nuevo tipo de androide parecido a un ser humano. La nación con la economía capitalista más avanzada en la Tierra es también líder en el mundo en asesinatos en masa (4 o más muertes), con una media de más de tres por año desde 2003, y seis casos con 140 víctimas solamente en 2012.

En su influyente trabajo de filosofía situacionista, La sociedad del espectáculo (1967) Guy Debord describió el arco histórico de la vida social en las sociedades capitalistas como un lento descenso del ser al tener y, finalmente, a mero parecer. En esta etapa avanzada de la descentralización capitalista, las relaciones personales son casi completamente reemplazadas por relaciones mercantiles impersonales, que están mediadas por las imágenes, mientras que el ciudadano ha degenerado en un espectador consumista. En la formulación de Guy-Ernest Debord, la ideología de la sociedad espectacular lleva “al empobrecimiento, la servidumbre y la negación de la vida real."

Si nos desplazamos desde 1967 a la sociedad actual de medios masivos omnipresentes, pareciera que las más inhumanas formas de relaciones sociales, inimaginadas por Debord, se han vuelto dominantes. En su reseña de la película Redes sociales, David Denby del New Yorker escribe lo siguiente: "Desde la primera escena hasta la última, Redes sociales apunta a un cambio psicológico producido por la era de la información, a una nueva impersonalidad que afecta a casi todo el mundo. Después de todo, Facebook es una paradoja: un sitio web que celebra el aura de intimidad mientras que proporciona el alivio de la distancia, sustituyendo los encuentros cercanos del primer tipo por el compartir sin presencia física y la emoción de la fama autocreada. Karl Marx sugirió que, en la era capitalista, empezamos a tratarnos unos a otros como mercancías. Las redes sociales sugieren que ahora nos tratemos unos a otros como paquetes de información”.

Si bien el análisis de Debord resiste el paso del tiempo, Denby destaca la posibilidad de que ahora hemos ido más allá de la sustitución de las relaciones personales por las relaciones mercantiles hacia algo aún más impersonal. ¿Qué le pasa a una sociedad en la que las vidas humanas son habitualmente reducidas a "paquetes de información?" Las preguntas se hacen aún más interesantes si tenemos en cuenta la forma en que mil millones más de personas en Facebook están participando activamente en un grado u otro en el proceso de "paquetización".

En su libro de 2011, La violencia del capitalismo financiero, el economista italiano Cristiano Marazzi discute una nueva forma de "capitalismo cognitivo" que ha surgido de la invasión de la financiación de la vida diaria. En este nuevo entorno capitalista financiarizado, los seres vivos se transforman en capital fijo, mientras que las relaciones sociales son "puestos de trabajo" para generar ganancias. Marazzi ve esto como un cambio fundamental que representa "la financiación de la esfera reproductiva de la vida misma."

Cualquier bien común que creamos en la era de los medios sociales, ya que conscientemente nos reproducimos como "paquetes de información", son vulnerables a esta forma financiada de la privatización y la explotación. La declaración del fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, de que la idea de la privacidad es "obsoleta como norma social" es exactamente el punto. Estamos empezando a perder el control de la "sustancia libidinal" de nuestras vidas subjetivas, para usar una frase feliz acuñada por Slavoj Žižek.

Žižek habla de un cambio en la subjetividad que se inició en el siglo 20 y ahora ha creado una nueva categoría de sujeto que ha sido tan destruido físicamente que él o ella ha perdido el control sobre la "sustancia libidinal de su ser." Esta creciente categoría de "muertos vivos" están atrapados en un estado vegetativo sin capacidad para la empatía o compromiso genuino. La fijación popular actual sobre vampiros y zombies ofrece metáforas aptas. Žižek, un marxista no-ortodoxo, los llama el nuevo proletariado. En una era de capitalismo cognitivo, demasiadas personas se están convirtiendo en meras formas físicas privadas de control sobre su contenido subjetivo.

La incapacidad para la empatía y el compromiso entre un segmento creciente de la sociedad, especialmente entre los hombres jóvenes adictos a Internet, no sólo conduce a la descomposición social, sino a la degradación ecológica. Los paquetes de datos no se refieren a la red biológica de la vida que nos rodea y en última instancia, nos sostiene.

En El hombre para sí, Erich Fromm advirtió sobre el peligro espiritual inherente a una sociedad dominada por lo que él llamó "el principio de marketing", que a cambio nos brinda individuos cuyas personalidades están determinadas por "la orientación marketinera" de la vida. Fromm señala que si bien "la igualdad estuvo [alguna vez] unida a la diferencia; [ahora] se ha convertido en sinónimo de ‘in-diferencia’ y, de hecho, la indiferencia es lo que caracteriza la relación del hombre moderno consigo mismo y con los demás."

La indiferencia hacia los demás, inherente a la orientación marketinera de la vida no conduce a la comunidad, sino al tribalismo de la cultura de la celebridad, con su narcisismo, el desprecio por los débiles y la insistencia en la mercantilización del ser individual. En este ambiente cultural, las metas de la vida están cambiando. Para muchas personas, es más importante ser famoso que ser amado, y de esto último se deriva que sea más importante tener una conexión con un público que con una familia o comunidad. Y si esta relación de cuasi-celebridad con un público tarda demasiado en llegar, se trata de una simple cuestión de conseguir un arma y cometer un asesinato como camino a la gloria virtual.

Este abismo en el centro de nuestra cultura –mejorada farmacológicamente y enloquecida por la celebridad-, es constantemente inflamado por los medios de comunicación social sin propósito, por los juegos interactivos violentos, la ubicuidad de la pornografía degradante y las películas violentas sin sentido (típicamente protagonizadas por actores masculinos de moda, cancheros, que aparecen como máquinas de matar sin emociones), todos destinado a impulsar las ganancias mediante el tratamiento de los seres humanos como paquetes de información, independientemente de los costos sociales y ecológicos.

El espectáculo que Debord describe es más que medios de comunicación de masas. Es una fusión de la última etapa del capitalismo y de los medios de comunicación habilitados por las formas de gobierno que son profundamente cómplices en la reducción incesante de las relaciones personales frente a las relaciones de mercado de los productos; lo que hace a la ética del mercado, no sólo ubicua, sino también inevitable e indiscutible. El "espectáculo" resultante es más que un fenómeno mediático. Su lógica interna es impulsada por la necesidad de canalizar la volatilidad humana en patrones predecibles de intercambio de mercancías para maximizar las ganancias. Las redes sociales se están convirtiendo en una herramienta más en este proceso, esta vez con nuestra propia subjetividad alienada como producto, un nuevo tipo de derivado libidinal para ser envasados y comercializados por el capitalismo financiarizado.

Facebook es un símbolo apropiado de un gran cambio social que está empezando a hacer la comunicación interpersonal y la conexión emocional genuina cada vez más difícil para muchas personas. Un número creciente de personas presentadas en la realidad cotidiana de la cultura virtual son intelectualmente inteligentes de una manera puramente racional, sin embargo, son a menudo tan emocionalmente atrofiadas que no pueden diferenciar a un amante virtual de un amante de carne y hueso. La aparición episódica de jóvenes asesinos de masas (hombres, por lo general bien educados, ricos y conectados) puede ser un primer signo del lado más oscuro de este nuevo medio social.

Cualquier esperanza de detener los brotes violentamente psicóticos de los asesinatos en masa, requerirá que entendamos más acerca de las formas en que las redes sociales pueden ayudar a producir y sostener movimientos políticos tales como La Primavera Árabe o Occupy, por un lado, mientras que fomenta las condiciones que contribuyen a la deshumanización violenta, por el otro.

Finalmente, nuestro imperativo político más urgente debe ser romper el ciclo actual de financiarización deshumanizante que ha comenzado a invadir nuestra vida cotidiana. Tenemos que tomar el control de lo que Marazzi llama "la esfera reproductiva de la vida." Esto significa que ya no podemos conformarnos con "la ilusión de la compañía sin las exigencias de la amistad", como afirma el psicólogo del MIT y experto en medios de comunicación social Sherry Turkle. Nos corresponde a cada uno de nosotros conscientemente volver a llenar nuestra vida emocional y espiritual, y asumir la responsabilidad de ella junto a la del bien común global.

La alternativa es impensable.


Michael Meurer

(No puede ser reproducido sin permiso del autor)

(1) Michael Meurer es Presidente del Meurer Group & Associates, una consultoría política de California y Colorado. Michael trabajó como Asesor Senior del Partido Demócrata de California y co-fundó la Campaña Coraje, donde ejerció la Vicepresidencia.

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